martes, 20 de noviembre de 2007

Micros y arte (perdón, buses y arte)… talento importado

¿Se acuerdan? Supongo que sí. Los alimentadores, troncales, buses oruga eran simplemente micros. Los Conductores eran micreros, los validadores eran peceras, las tarjetas Bip! Eran monedas, y si el humor del micrero lo aguantaba, billetes. Los estudiantes eran maltratados, y existía una extraña costumbre de cobrarte escolar por horarios. Las flotas eran bastante heterogéneas, así como las distintas especies de animales que conformaban ese zoológico de micreros, sapos, empresarios, inspectores. Todo esto era amenizado por una increíble variedad de tonalidades de amarillo, así como distintas definiciones de lo que cada uno desde su particular punto de vista, llamaría blanco. Además había una extensa gama de texturas y diversas variedades de negro-hollín, rayón de pintura (que generalmente dejaba ver de qué color fue cada vehículo anteriormente).
Pero existe un grupo de gente que por sobre todo lo anterior, siempre me llamó la atención y siempre despertó mi interés. Los artistas, y más aún los “artistas” de micro. Había de TODO. En ocasiones, subir a la micro era como sumergirse en un desvarío onírico, era entrar en un teatro de los sueños; uno nunca sabía con qué se iba a topar, era un claro ejemplo de lo que uno llamaría a “la suerte de la olla”. Palladores, Cantantes líricos, payasos, Hip hoperos, flautistas, guitarristas, saxofonistas, trompetistas, y muchos más “istas” de lo que uno se podría imaginar. La gracia estaba en la variedad; todo aquel que tuviese necesidad de ganar unos pesos, y considerase (con justa razón o no) que su talento era digno de ser presentado ante el público, no tenía más que espetar un “permiso maestro” y ya…. Tenía su teatro, y su público forzado. Había shows malísimos, pero también había algunos que te daban ganas de darles toda la plata que pudieses tener, o bajarte a un cajero a sacar más. La gracia era esa, la variedad.Pero, en concordancia con las maravillas que nos trajo nuestro actual sistema de transporte, las autoridades al parecer consideraron que la presencia de cualquier persona que se considerase artista en los buses nuevos, por alguna extraña razón, que se pierde en las nebulosas mentales de esta gente (así como una larga lista de cosas bastante más importantes), sería por algún extraño motivo, perjudicial o molesta (como si su criterio en sí no fuese). Entonces decidieron que había que escoger de entre los miles de artistas, a algunos pocos que cumplieran con un extraño requisito que, otra vez, sólo ellos saben cuál es. Entonces, como si se tratase de un programa, se llamó a concurso… ¿y cuánto vale el show? Vale nada más ni nada menos que la posibilidad de seguir trabajando y alimentando a sus familias. ¿Cuál es la consecuencia de todo esto? Que si en la actualidad te subes a un Bus de manera constante, lo más probable es que te encuentres una y otra vez, todos los días, varias veces al día, con el mismo tipo haciendo el mismo show. En lo personal, casi siento como uno más de mi familia al caballero ciego que toca flauta en los buses por Los Leones y Macul, sí, aquel que uno estaría dispuesto a pagarle para que se calle. De verdad su estimada flautita más que causar agrado, provoca un trauma acústico a todo quien tenga la mala fortuna de encontrarse a unos 3 metros a la redonda. Otro ejemplo, siguiendo el mismo recorrido, sería una adolescente que sube con una radio a pilas con unas pistas grabadas en caset a hip hopear. A ella más que plata, le daría un balazo. Y cómo no mencionar a un pelotudo que mató las canciones de Inti-Illimani, Sol y Lluvia y Quilapayún, que más encima, como si fuese una grán choreza de su parte, se aplaude solo y agradece “por la atención y el entusiasmo”… Oye tú, si llegas a leer esto, no entusiasmas a nadie, ¿OK? Pero como suele pasar, hay cosas que sobrepasan todo límite. Eso sucedió hoy. Yo venía sentado casi en el fondo del oruga, mirando hacia atrás. Cuando comienzo a oír una sarta de inverosimilidades descomunal, una voz forzada e impostada, con una extraña mezcla entre gangosa y tartamuda. Mi lectura sobre Probabilidad condicional y cuantiles, se transformó en un homenaje a nuestra patria, ensalzando sus virtudes y bellezas, desde su árido norte hasta su selva húmeda, luego nombrando a varias celebridades intelectuales como Neruda, Huidobro, Mistral, entre otras, ya a esta altura, la cosa parecía campaña gubernamental sobre algo, de hecho a medida que escuchaba esta hiperventilada visión de Chile, por mi cabeza pasaban las imágenes que salen en la presentación de las cadenas nacionales, esa bandera flameando al viento que se funde con lo más bello de nuestros paisajes, que despierta el patriotismo hasta de los más incólumes anarquistas, o que haría llorar de emoción a cualquier patiperro que por casualidad las viese. El relato seguía, el recital de poesía, el canto, el pregón, no sé, de verdad, cómo llamarlo. Hasta que la curiosidad pudo más. Di vuelta mi cabeza, y a la única persona que vi parada, fue a un hombre joven de color, con un pelo similar al usado por los Jackson Five (o por Freddy Turbina, para los que no cachan). Intenté mirar al artista que este joven estaba tapando, pero en realidad no había nadie. ¡¡Era él!!... Este tipo, evidentemente extranjero, ¡amaba a mi patria más que yo mismo! . ¡Conocía más de geografía y de climas de Chile que yo!, de verdad yo no hallaba donde meterme. Por fin a esta altura comprendía el por qué la cada de estupefactos de quienes sentados en el fondo mismo del bus, observaban a este rescatador de virtudes de Chile. Puse la misma cara de mis compañeros desconocidos de viaje. Cuando llegó la hora de pagar, pagué. Y me dieron ganas de pedirle disculpas por haber puesto esa cara… Fue una vuelta en el tiempo, volví a tener una experiencia onírica. Gracias Transantiago.

lunes, 19 de noviembre de 2007

El deber y la mosca





....y la mosca chocaba y chocaba, la miré, me dió risa, luego angustia, luego panico...

¿Qué es lo correcto? ¿Donde empieza, por donde sigue y hasta donde llega?. ¿Qué extraña división invisible separa nuestros deberes de las cosas por las cuales podríamos optar?...

Yo hasta ahora no lo sé; o por lo menos, me hago el tonto al respecto. Cuando se está ante la potencialidad de conseguir algo, simplemente cumpliendo de manera constante con el deber, siempre me pasa lo mismo. Tengo partida de caballo inglés, por algún extraño motivo, me inhibe y me cohibe la posiblidad de cruzar la meta, cerrar, rematar, terminar, concretar, se me vienen a la cabeza mil y una cosas mejores que hacer que preparar el cierre, poner la firma, meter el gol. Los cuestionamientos que pude haber tenido desde un comienzo (o incluso desde antes) me turban y me perturban, me abruman y me ocupan. ¡¡Es tan fácil, estoy tan cerca, me falta tan poco!!. ¿Por qué mi extraña obsesión de tentar a la suerte? ¿Por qué en caso de lograrlo, el triunfo es más sabroso si el gol se hace en los descuentos?.
Es el temor quizás.... el temor a asumir ciertas cosas, y, por sobre todo, a cerrar círculos. Los ciclos me matan, y la vida está llena de ellos. ¿Tendré que morir varias veces entonces?¿Cuántas veces más saborearé el ser segundo? ¿El casi llegar, el casi lograrlo?
Creo que la tendencia natural sería evolucionar y aprender de los errores pasados, y no tropezar majaderamente con la misma piedra, cual mosca chocando con un vidrio, insistentemente, corajudamente. Así se me presentan los fracasos. Insistente y repetitivamente.

Ahora, por favor, ayúdenme a delimitar el deber del querer...¿es ese límite el mismo para todas las personas?

domingo, 18 de noviembre de 2007

El comienzo... ¿pero de qué?

¿Habrá algo más egocéntrico que esto?... supongo que sí. Podríamos entrar en una eterna divagación sobre el sentido de buscar -o no- el reconocimiento de alguna especie, hacia las cosas que hacemos. Me imagino que dejar huella de algún tipo, dejar algún registro de nuestro paso por el mundo, es una tendencia natural de nuestra especie. Algunos construyeron grandes monumentos, otros cometieron grandes genocidios, otros más humildes y con pretensiones más cortoplazistas e inmediatos, dejamos registro por acá para que algún incauto cibernauta nos lea. ¿Qué más? ¿Acaso esto me hará mejor persona o me dará alguna clase de estatus?. La respuesta es obvia.... bienvenidos incautos, por acá no se harán más cultos ni interesantes, a lo más sabrán lo que mis dedos se dignaron a tipear (cosas que podrían no representar necesariamente la realidad).